domingo, 18 de julio de 2010

NO SE INMUTE AMIGO


....y no se inmute, amigo, la vida es dura,
con la filosofía poco se goza.
Eche veinte centavos en la ranura
si quiere ver la vida color de rosa....

(fragmento, Raúl González Tuñón)

lunes, 12 de julio de 2010

AY...! LA COHERENCIA


NO ES POSIBLE ACCEDER A UN “NUEVO SABER” DISTINTO, DIFERENTE AL PRODUCTIVISTA, SINO DESDE UN PENSAMIENTO Y UNA MANERA DE CONOCER Y COMPRENDER, AUTÓNOMA.


Qué quiero demostrar?. Que en la Modernidad, todo el entorno y contexto de las organizaciones sociales de la economía social conspira contra su coherencia; y al mismo tiempo no es posible su existencia sin ese contexto, que en definitiva constituye el mismo medio de realizacion del objetivo estrategico organizacional. Es decir que no sería posible modificar la realidad sin antes modificar nuestra manera de comprender esa realidad. No solo de pensarla, sino de comprenderla.
La vida de la organización transcurre en dos planos, permanentemente. La organización debe desarrollar la capacidad de trabajar los dos. Poder entrar y salir de los dos. Mientras el contexto es el medio, y como medio puede ser favorable o adverso; el sentido de su razón de ser es su sustrato, donde se afirma y donde están sus raíces. Este sustrato es el deseo, es decir, lo que ha quedado de todas las conversaciones, de todos los imaginarios construidos al momento de pensar que se quería hacer. En ese proceso de recreación las personas no han podido hacer otra cosa que expresar como ha impactado sobre ellos el proceso histórico.
Mientras se ha pensado y se piensa en los objetivos de la organización se han cruzado objetivos materiales y objetivos ideológicos, evaluaciones de contexto, capacidades de los integrantes, alcance político de las acciones a desarrollar. El trasfondo de todo eso conforma el ánimo, la argamasa que constituye el material simbólico de los vínculos intersubjetivos. Ese material intangible es esencialmente dinámico, y no para. Y en esta dinámica radica toda la complejidad del tema en cuestión; ya que no existe manera de detenerlo, ni de ponerlo sobre la mesa, ni de diseccionarlo.
En el intento de dominar lo indominable -caracteristica de la comprension hegemónica- las personas pretendemos someter la dinámica misma al corsé de los valores. La imposición de una supuesta valoración moral detiene aquella dinámica. Ese es el sentido de las instituciones religiosas. Pero en el templo de la modernidad, las instituciones llegan a cumplir la misma función represiva. Este proceso tiene dos componentes: por un lado es posible por la perversión de la comprensión. Y por otro lado presenta una aparente solución, ya que parece que lo sometido efectivamente se somete. Parece que la razón ha vencido al espíritu del deseo, y que el orden esperado está al alcance de la mano. Pero como solo es una apariencia, lo que en realidad se desarrolla es un camino de comprensión que de ahora en mas construirá realidad de esa manera, es decir dejándose guiar por el efecto certero de los principios y valores rectores.
Se trata de una perversión de la comprensión, porque el contexto cultural de la modernidad es totalitario, y no deja a la vista otras opciones para pensar. El hecho de escoger el pensamiento ya elaborado que se encuentra al alcance de la mano pervierte la comprensión, la acostumbra a no crear. Pervierte la comprensión porque ésta comienza a fundarse principalmente en lo externo, en un proceso que conlleva a la igualación con otros seres, y no en el dictado autónomo. Una vez pervertida la comprensión ya no será necesario ni siquiera que el contexto sea totalitario.
De manera que es perverso para nosotros detener la dinámica de la vida y al mismo tiempo pretender conducirla. Además, esa propuesta es falsa, ya que la dinámica vital nunca se detiene, ni tampoco obedece dictados estáticos. El resultado en ella de esas políticas es la desaparición paulatina de la capacidad conciente. Este es el resultado de la racionalidad moderna actual en el ser humano. Las personas andamos con la conciencia agonizante, y, a veces, muerta. Y la muerte de la conciencia aparece como un valor para manejarse en la sociedad moderna.
Otra posibilidad es otro paradigma. De eso se trata la economía social. Otro paradigma implica adoptar otro marco de referencia. Pero ahora, móvil. Móvil significa que la misma referencia no es estática ya que simbólicamente depende de las tensiones en el plano de la realidad. Es decir, del efecto que la realidad va haciendo en la percepción subjetiva de la misma realidad. Al proceso autoreferencial destinado a expresar lo universal, lo abstracto y lo concreto lo llamamos autonomía.
Pero la autonomía no es simplemente una actitud. Es un proceso político. Es un proceso político colectivo y dinámico de historización, y su consiguiente resignificación. Asi va emergiendo la ética de la organizacion, es decir, lo que puede hacer. Comienza, de esta manera, a manejar dos lenguajes, el de las relaciones con el exterior y el resultante de la recreación de la comprensión, que conlleva a la liberación, entendida como posibilidad de crear lo que colectivamente deseamos crear, en un medio adverso para esos intereses. Para eso requiere hallar las palabras, los conceptos y la estrategia adecuada, ya que parece que nada que no pueda ser verbalizado es pasible de creación.
La creación de la que hablamos es un concepto abstracto y al mismo tiempo localizado, porque se trata de una manera particular de crear, es decir de la posibilidad de haber generado no solo una nueva materialidad sino un proceso nuevo y propio de comprensión y concreción. Un nuevo saber hacer que de ahora en adelante caracterizará a esta organización, por lo menos mientras no prefiera detenerlo.
(En la foto, León Balarché-Ricci informándose y tomando conocimientos)

Juan Ricci